domingo, 11 de mayo de 2014

Eucaliptos

Un rojo para los pulmones secos, otro para los labios partidos. La tarde cálida adormece los sentidos del solitario.

La plaza animada por un trio de niños - como disfrutan los  bastardos! - y yo esperando una señal que no llegará jamás

El momento en que debiste aparecer frente a mi ocurrió en mis sueños y las ganas de que fuese verdad eran tan profundas, que la realidad las hizo desaparecer en cuanto recuperé la consciencia de estar despierto.

Una frase tan tóxica, un humo que adormece mi cerebro y lo atonta al punto de creer que todo a vuelto a la normalidad. Enfermo de las ganas, aun así resuelto a quemar los atisbos de esperanza.

Otro rojo para un corazón atrofiado, para el reflejo instantáneo y necesario de desearte; no se si debo romper la cabeza del frágil mono sobre la mesa o destrozar los sesos del ser que desliza la mano por el teclado.

Resultado invariable y el tiempo que sigue corriendo: primero tu, segundo tu, después tu, luego el resto.

No se si me he vuelto egoísta o exageradamente generoso.

Y la náusea es permanente, y los temblores parte de la melancolía diaria. Los quiebres de rutina son tan breves que me cuesta pensar en algo más,  y ahora que debieses estar a solo pasos de distancia, te siento millas y millas lejos de aquí.

Y por que no llegas?...

 Que rabia saber que me tienes hasta en los momentos de fortaleza.

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